Recuerdo que nos tuvimos que meter debajo de la cama

memories

De todos los barrios en los que viví cuando niño me acuerdo de cierta noche en La Chinita de Apartadó, una invasión que ahora se conoce como Barrio Obrero. Desde siempre el lugar ha contado historias violentas, destacando entre ellas la masacre que hubo en el 94 a manos de las Farc cuando asesinaron, a sangre fría, a 35 personas en una fiesta.

Mi abuela, que vive a pocas cuadras donde ocurrieron los hechos, recuerda los chiveros * que salieron del hospital regando sangre que escapaba de los ataúdes improvisados en los que transportaron los cuerpos, pues metieron las víctimas como estaban. Recuerda, también, cómo los velaron en la gallera** del barrio.

Años más tarde, cuando viví allí, nunca tuve que presenciar nada de tal magnitud o algo que se le parezca pues nuestra casa era de las primeras del barrio y se consideraba la zona más segura de la invasión.  ‘Segura’ en este caso, quiere decir que las probabilidades de que dos personas se arrancaran las orejas a machetazos, al frente de tu puerta, eran -más bien- bajas.

Siempre esperábamos que mi padre volviera de trabajar para cenar juntos pero esa noche la comida se demoró un poco más y en lugar de comer a las seis de la tarde, como de costumbre, nos sentamos a las ocho. Entonces escuchamos disparos. Pusimos las cucharas (allá se comía con cuchara) sobre la mesa para prestar atención a los ruidos que se acercaban . Sin consultarlo con nosotros, mi padre se paró en medio tiempo y corrió a apagar todas las luces de la casa mientras los demás le ayudábamos apagando las de los cuartos. Cerramos con seguro la puerta y la única ventana, mientras él nos regañaba por hacerlo tan lento.

Recuerdo que los cuatro, mis padres, mi hermano y yo corrimos hacia el cuarto principal y nos metimos debajo de la cama a esperar una explicación de lo que estaba pasando. Mi papá era el más asustado de todos y esa era razón suficiente para que el miedo se pasara a mí, con la naturalidad que una vela le pasa fuego a otra.

 Pasaron unos quince minutos cuando llegaron los gritos. Los estallidos no se detenían. Mi padre decidió salir a mirar de reojo por las cortinas con toda la familia a sus espaldas. Eran fuegos artificiales los que tronaban y personas festejando los autores del ruido.

Volvimos a prender los bombillos que iluminaron los platos de la cena a medio comer. Recuerdo esa noche en el barrio La Chinita cuando el terror visitó nuestra casa por puro placer porque hasta la felicidad de otros nos dio miedo.   

* Chivero se refiere a un jeep cerrado donde las personas cuelgan su equipaje o material de carga en el techo.

** Gallera es una plaza pequeña cercada en  madera, sin tribunas, donde la gente apuesta con peleas de gallos. El enfrentamiento termina cuando alguno de los animales muere.

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2 respuestas a “Recuerdo que nos tuvimos que meter debajo de la cama

    1. Los recuerdos también porque siempre son diferentes, cada vez que los contamos. Con el miedo pasa que puede volver a visitar el cuerpo luego de muchos años y para una persona que le tenga mucho miedo a la muerte, empeora.

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