Nunca hubo una vez

Frutas_del_diablo
De los cuentos de Borges, lo que más admiro son las líneas finales. Cierto es que en toda historia el primer y último párrafo deberían ser tratados como el camino de una montaña rusa, inspirador al principio y sin aliento al final. Por estos días leí un artículo sobre las primeras frases de varios libros para que el lector los identificara pero… ¿qué hay de los finales?

He dedicado mis últimos ratos a leer cuentos cortos de terror, donde el punto fuerte va en el último párrafo y hay relatos que terminan como: “Entendí por qué el lugar estaba abandonado, no querían que un tipo como yo entrara allí o que una cosa… como esa… saliera…” y decidí probar suerte con la creación de finales de cuentos. Estos cuentos nunca tuvieron un principio, más que el de la interpretación de quien los lee y esa fuente infinita de magia que es la imaginación.

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Cuando terminaba de recoger la cosecha del día creyó ver un pegaso, en realidad eran dos. Quizás era la personificación de la pequeña Angélica o, tal vez, se estaba volviendo loco como ella. A los pegasos no les importó mucho pisar el cultivo de mazorcas y esa fue la prueba de su presencia en este mundo. El sol se filtraba entre sus alas y olía a caballo con polvo de azucar. Raúl siguió recogiendo su mercancía mientras las bestias míticas lo miraban a los ojos. Esa tarde, Raúl no pasaría a visitar a la señora Robledo, ni esa ni la siguiente.

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“¿Eres el último humano que queda?”. Ella asintió sonriendo. Ora era la última de su raza que ya estaba condenada a la extinción. El árbol procedió a tomar la vida de la niña con su raíz y recopilaba toda la información restante del último humano. Mientras el guardián del bosque trabajaba, tarareaba una canción. Estaba segura. Aquella melodía había sonado durante toda la guerra y se convirtió en el llanto de una especie. Los demás guardianes cantaban en unísono como un homenaje a este animal que dio tanta pelea.

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¿Y bien? ¿Sientes algo? -preguntó impaciente Simón. Tony no sentía algo. Lo sentía todo. El mito era cierto. La fruta del humano funcionaba en humanos y en lugar de otorgar alas o garras, como las demás, le oxigenó el cerebro y se convirtió en un superhombre. Prendió uno de los cigarros del estuche de su padre. Ya sabía lo que tenía que hacer, pero iba a necesitar ayuda. Decidió formar un equipo de seis que fueran como él. La primera parada sería un manicomio en 1486.

Esta historia está inspirada en una temática de One Piece.

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Las campanas, sonando a lo lejos, distorsionaron el ruido dentro del cuarto. Aquellos campanazos atravesaban la oscuridad y la lluvia para llegar a oídos de Chester. En la aldea, las luces de las casas se prendían de forma progresiva. Su gente estaba condenada. ¿De verdad él había hecho todo lo que estaba a su alcance para detener esta guerra? Se quitó el pañuelo blanco que le cubría la boca y lo lanzó al pozo que le había permitido viajar en el tiempo. La prenda se sumergió en el agua fría mientras se desvanecía hacia otro tiempo, una época donde la aldea de Chester nunca existió.

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