Inspiración de cabeza

*La historia de Frankestein la sabemos de memoria. Aquella ironía de revivir un muerto vive en la historia misma con las adaptaciones que ha tenido. Este es otro pedazo de carne podrida que se deteriora en un cadáver de retazos vencidos*

Después de leer y escuchar música en exceso, sin escribir, pensé que cualquier cosa que consignara en forma de historia tendría el destino aciago de obras que no sirven para nada y, aunque eso no me había importado antes, esta vez ni las malas ideas estaban conmigo.

Esto es un Frankestein de textos que no se terminaron (y ya no se terminarán). Una sola historia llena pequeñas historias conectadas entre sí, una mala idea, una idea innovadora que no beneficia a nadie pero que no deja morir y si no mueren ellos, como el señor tenebroso, yo sobrevivo por más tiempo, en aquellos pedazos, contoneando el olvido cuando están juntos.

Día 3 sin escribir: El túnel sin salida de Nara.

Las cosas no andaban bien para…digamos que se llamaba Nara. Nara era virgen y tenía 21 o 22 años. No era fea, de hecho, tenía un rostro común, dos ojos no muy lejos entre ellos, cejas escasamente pobladas, cachetes pequeños y una nariz de un millón en un millón.

Ya se iba a graduar de la universidad y quería recibir el diploma sin languidez en las piernas, agarrarlo fuerte y hacerlo suyo para salir a penetrar el mundo con él. Pero virgen no, eso no, porque entre más tiempo pasaba virgen, más pensaba en eso y eso perpetraba otros aspectos de su vida, como la concentración y las salidas con su grupo de amigos.

Lo siento Nara… pero voy a contar. Tengo que contar. No tengo ideas para escribir sobre nada y vos me lo pediste, ¿qué querés que haga?

Nara me lo pidió. Me dijo que le hiciera el favor, literal. Nos teníamos confianza entonces la amistad era un argumento de peso para no decir nada a nadie. Yo no era el hombre de sus sueños, pero no era virgen y esto sería más como un pedido, algo que un amigo haría por otro par, como cuidar la casa cuando se van de viaje o ayudar a cambiar una llanta.

“¿Vos no me harías el favor?” -me dijo en su casa mientras estábamos haciendo una tarea.

La pregunta la hizo en forma de negación, tramposa. Si decía que sí, le estaría dando la razón, es decir, que la respuesta a esa pregunta era afirmativa y yo no le haría el favor pero se podría malinterpretar.

Por la mente se me proyectaron fragmentos del reino animal y pavos reales conquistando pavas, de hipopótamos peleando por hipopótamas y cómo los machos siempre deben buscar la aprobación de la hembra para copular. Somos antinaturales, pensé. Le voy a hacer el favor, pensé, como animales, pensé y dije que no, osea que sí lo haría.

Para ella fue descorchar la champaña que se tomaría en los grados, para mí fue otro apretón de manos a la pequeña muerte, un orgasmo flojo, pero como la pizza, estuvo bueno aunque fuera malo.

Día 5 sin escribir: En el fondo yacía la tercera dimensión llena de colores distorsionados por el rabillo del ojo.

La mirada se negaba a distraerse del objetivo que se iluminó como una cucharada de oro y el objetivo transformó la realidad de los hombres en el mundo de los dioses. Las drogas, como Satanás, eran malentendidas en su deseo de contar los secretos de la creación al hombre.

Como Lucifer, crearon su propio mundo de luces y sombras, de monstruos y fantasmas, de otras vidas que otros están viviendo por nosotros.

A sombras, se ven cuerpos que aparecen y desaparecen, el tiempo se cuenta con canciones que no terminan y el rojo y el verde colorean los bordes y las esquinas.

Cuando el sudor y la hiperventilación se intercalan y nos despiertan, llega la separación del cuerpo y la mente.

El cuerpo pasa a objetos más sutiles y divisamos lo que somos, siendo esta la única oportunidad que tenemos en la vida de vernos realmente, sin reflejos o fotografías. En el fondo se escucha el latir del corazón y nos imaginamos que mañana será un día muy diferente y que lo que ahora estamos viviendo son lapsos de otras vidas, de otras personas, que tomamos prestadas para completar la nuestra.

Pero al igual que Satanás, las drogas tienen su lado perverso y no sé de quién fue esta idea de buscar inspiración en los alucinógenos.

Día 10 sin escribir: Como niños nos dejamos llevar cuando nos levantan un vestido.

Toda la vida nos han dicho que tenemos que buscar una persona leal y estable, que nos complemente. Ella, de todas las cosas, tenía la última. Ella me complementaba pero no al revés porque ella ya estaba completa. Ella conmigo estaba bien pero yo sin ella estaba esperando.

Siempre salíamos los tres: ella, el universo y yo. El universo la estaba cuidando y me agarraba cuando le iba a meter la mano debajo del vestido. Una vez se durmió mientras la llevaba para su casa y el universo le apagó el alumbrado público para que las luces no le trastornaran el sueño.

Tenía una voz tan dulce que se deslizaba por el viento y le llegaba solo al que la tuviera al lado. Cuando se levantó el vestido y le vi la ropa interior, me pregunté si el efecto de las drogas no estaba impregnado en el frío de la noche o si ella me veía a mí como yo vi a Nara.

Me dije que no iba a escribir sobre ella porque eso sería darle mucho poder y no lo voy a hacer.

Día 15 sin escribir: Recordar es como perderse.

Una vez escuché por ahí que nadie sabía que se estaba perdiendo hasta que estaba perdido. O, si lo sabía, no notaba el punto exacto de perdición. Cuando uno va a perderse se guía por el instinto y la mente toma decisiones que no comprendemos pero que apoyamos y entrevemos una salida hasta que aceptamos estar perdidos. Algo así pasa con la memoria.

De cuando en vez recordamos lugares, olores, palabras y sabores de momentos que, en su momento, no consideramos memorables. No porque no lo fueran, sino porque el cerebro no dice: ‘debo recordar esto’ o por lo menos no nos damos cuenta. ¿Quién se ha puesto a pensar -de verdad- ‘voy a recordar este momento en 10 años’ y -en efecto- lo hace?

Día 24 sin escribir: El otoño.

¿A ésto he llegado? Bueno. El otoño es diferente al invierno y al verano. Se parece a mí…que también soy diferente al invierno y al verano.

Día 25 sin escribir: El otoño parte 2.

El invierno lo recordamos por el frío y el verano por el calor. La primavera por las flores y el otoño ¿por qué es que lo recordamos? ¿lo recordamos porque se caen las hojas? Me rindo.

Día 30 sin escribir: Lo mío.

Tal vez lo mío no es escribir sino… (meter algo inspiracional aquí con un toque de realidad y una analogía de pájaros y hojas del otoño).

Día 30 (tarde) sin escribir: Lo mío.

Lo mío es relatar lo que mis ojos ven para no ser olvidado ante los demás. Lo mío es perfeccionar una vista de lince para agarrar las lombrices más insignificantes en el aire antes de que se pierdan entre las hojas del otoño. Eso es lo mío. Y los retos también.

*algo sobre los retos*

Día 31 sin escribir: Lo mío son los retos.

Lo mío es mirar el cielo gris y buscar con un ojo monolítico y el otro pintado, las deformaciones de la mente. Escribir sobre vírgenes y drogas y mujeres que parecen una combinación perversa de las dos cosas. Lo mío es convertirme en una temporada eterna, como el otoño, y vivir entre días nublados para narrar sobre los parches de cielo azul.

Lo mío son los retos. Y la música también, decí algo sobre la música.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s