La luna que se va

Muchos quieren a la luna, pero a pocos les gusta contemplar el sol en su cenit. La luna es mística, se le atribuyen poderes lunáticos y es escasa. No sale todas las noches y esas veces que sí sale, suele ocultarse entre nubes negras. Su paso por nuestro mundo dura poco y ese corto tiempo, como los segundos en una conversación a larga distancia, hace inevitable querer más de ella.

La luna nos recuerda que en el centro más oscuro del yin hay un punto de yang. Entonces todo se complementa: tiene que haber un sol para que la luna sea tan anhelada.

De una bocanada de cigarro a otra, me digo que esta despedida es necesaria para que estemos más cerca que nunca, me digo que ella es la luna que se va y yo el sol que se queda.

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