Lira

Día 1 en Turquía
Día 1 en Turquía

-Este texto es bajo ningún medio una guía turística. Los datos plasmados aquí son recuerdos influenciados por una mente feliz y deslumbrada por lo nuevo. Los precios pueden variar dependiendo de la capacidad que tiene cada uno de negociar. Si usted toma esto como una guía para viajar a Turquía, se merece todo lo malo que le pase. Esto no es un esfuerzo por vender a Turquía porque Turquía se vende a sí mismo todo el tiempo. Yo lo compro-

Una lira turca equivale a mil pesos colombianos.

300 liras vale el tiquete para volar en globo en la región montañosa de Capadoccia. He escuchado historias de personas que se gastan eso tomando en una noche y no recuerdan nada. Este viaje genera recordación. No hay alcohol pero te reciben con la mejor champaña sin licor al aterrizar.

El paisaje es irreal, como en una postal, como lo vi en un letrero de ‘persigue tus sueños’ de un centro comercial. Vuelo de globo en Capadoccia es un panorama en 360° tan increíble que es necesario aparecer en la foto para saber que nos quedamos con el recibo de caja de las memorias que compramos con ese tiquete.

Los toques extremos del paseo se lo dan las brazas que impulsan el aerostático con las ondas de calor que calientan los cachetes, ‘los besos’ que se dan entre globos con la punta de arriba y el aterrizaje en la parte trasera de una camioneta. El beso de dos globos es similar al ‘beso mariposa’ que se dan los humanos con las pestañas. En lugar de rozar las canastas donde van las personas, se tocan los extremos de arriba.

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Volver a poner los pies sobre la tierra de una manera tan ficticia hace que el viaje no termine del todo. El resto del día queda la sensación de no ser completamente de la tierra y de entender un poco más el mundo del viento y la luz del cielo.

25 liras alcanzan para subir a la Torre de Gálata en Estambul. Un balcón que le da vuelta en círculo a la torre permite apreciar la parte europea y su división con el lado asiático de la ciudad, delineado por el estrecho donde se encuentran el Mar Marmara y el Mar Negro.

Con calma, en el atardecer eterno de las civilizaciones antiguas y el graznido continuo de los cuervos, las caminatas en esta ciudad parecen narradas desde un libro, cuyos personajes principales son los animales: Los cuervos, grandes y místicos, graznando a las palomas y adornando siempre los techos, apoyados en las puntas de las mezquitas, comiendo restos de mazir (mazorca).

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Aquellos sonidos articulados por aves negras, que en la realidad y en las letras se vuelven símbolos de estar en una ciudad, completan el cuadro de un lugar con tonos rojos y lunas blancas, de gatos superando en número a los perros y de fiestas con micrófono invisible, encima de la mesa, sin alcohol.

Más o menos 15 liras cuesta la narguila (narguile, water pipe o shisha) para acompañar cualquier comida o bebida de la ciudad. ‘Es cultural’ como dice ese comercial argentino refiriéndose al fútbol. Gente fumando hay en todas partes del mundo, pero aquí la shisha sale por televisión, en las telenovelas y hay espacios solo para sentarse a hablar, aspirar y tomar té.

El humo caliente de las teteras se polimeriza con los aros de humo que hace una persona que sepa arquear los labios y empujar el aire con el aliento. Los techos se van impregnando con manzana, mango, fresa, cappuccino y menta. El carbón vuelve a retomar su valor de diamante y, como en unas partes pasan la última cola de marihuana o el Fernet, aquí la manguera se comparte en un sillón cómodo o en una alfombra a pie descalzo.

Con 3 liras se compra un ‘token’ para montarse en el Ferry que cruza el estrecho de un continente a otro. Desde la ventana se hace evidente que los animales se llevan el protagonismo. La superficie rebozada de medusas en todos los tamaños, como un mar de corazones blancos que no se pueden tocar o guardianes de aguas ancestrales y prohibidas, escapa ante los disparadores de las cámaras en su totalidad.???????????????????????????????

Con menos de 1 lira se descubren colores que transforman los ojos en un arcoíris, los sabores y las especias, los té de manzana dulces y los encendedores baratos de rojos vivos y ojos turcos.

Pero el dinero es nada si no se le da un buen uso, así como comprar un viaje en globo puede parecer insignificante si no se disfruta desde adentro, con los ojos cerrados y el alma abierta.
Las liras no pueden comprar un buen atardecer desde la punta de una torre y menos se podría negociar una forma de disfrutarlo.

Así como alguien puede escribir con pasión, tenga formación en literatura o no, un uniforme de fútbol original no va a hacer que su dueño juegue bien y un viaje conmovedor no consiste solo en los planes y el color del sol tardío, sino en cómo aspiramos el viento para disfrutar los momentos y en la luz que dejamos que pase por la retina hasta el cerebro, que nos ilumina desde adentro.

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