¿Pa’ qué concierto?

Preguntale a Julian Casablancas cuánto tráfico había para llegar al Portal Norte o a Trent Reznor si se le secaron los tenis que tuvo que lavar el día anterior por saltar en barro debajo de la lluvia. Ellos lo lograron y vos no. Tus artistas están arriba y vos estás abajo, a vos te llega la lluvia, el sol y los empujones. Si tenés mucho dinero, podés aspirar a VIP pero no, no van a tocar esa canción desconocida, oculta en el lado B del sencillo que compraste. Grita todo lo que querás porque, aunque la toquen, la calidad no va a ser mejor que la que encontrás en Spotify o en Youtube.

Tenes que ahorrar varios meses porque los burritos valen el doble y la bebida te la cobran a precio de circo. Te toca fumar lo que hay, lo que otros pudieron esconder que a vos te quitaron.

“Por supuesto que sí rola, me gasté 500 mil pesos en una boleta y 150 mil pesos más en tiquetes de avión, pedí permiso en el trabajo, tengo ropa sucia en el bolso, me aguanté un ‘taco’ de 2 horas y viajé 500 kilómetros lejos de mi casa, única y exclusivamente para venir a tocarte el culo”.

Te van a decepcionar, no van a tocar esa que tanto estás esperando. Se van a equivocar de nombre de la ciudad, nunca te van a señalar en el público, vas a tener que divagar en una estampida de carros para salir corriendo de allí.

Es irracional pagar por esto.

Lo que uno gana yendo a un concierto es volver con las medias hechas barro y las rodillas sin poder doblarse. Si tenes la necesidad de ir para decir que viste a tal banda, es tu vida después de todo. La única explicación que puedo encontrar para que alguien salga de su casa a meterse en una masa ruidosa, es, tal vez, y no creo que haya una forma menos masculina de decirlo: para encontrarse con el amor.

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No me digas que no lo viste. ¿Acaso te había tocado la música físicamente en el corazón?  Si mientras estás cantando te volvés perfecto, como ellos, al ritmo que se te cae la grasa del pelo y se te quitan las espinillas de la cara.

Mira a la persona que te acompañó en todo el viaje y tenes entre brazos y decime si no has encontrado el amor. No estabas prestando atención, entendible. Pero que no se te vaya a olvidar los amigos que saltaron y lavaron los zapatos con vos porque de verdad valió la pena. Y si no fue en este concierto que encontraste el amor, tal vez fue en el pasado. Hace memoria. Incluso los ‘amargados’ de brazos cruzados que criticaban tu banda favorita se pudieron sentir parte de este mundo, aunque haya sido por un momento corto, cuando se empezaron a mover y nadie los miraba.

Si no te sabes las canciones, no importa, saltá de todas formas si te gusta lo que están tocando, mira a esos que están llorando con las manos levantadas, los que tienen los ojos cerrados y se saben cada letra, ellos que están bailando de espaldas a la música. Mirate a vos, lleno de luz de todos los colores con “Where is my mind”, empuñando hacia arriba como tratando de agarrar los acordes.

-Foto de David Villabona que se perdió Where is my mind pero conoció Portugal. The Man y estuvo bastante cerca en Phoenix-

El amor se te pegó cuando estabas cantando dormido o en el momento en que te sentaste a descansar con tus parceros en una manga mojada. Quizás te lo pasaron en forma de aguardiente cuando estabas en la multitud o en aquél instante que las luces se sincronizaron con el obturador de tu cámara y congelaste el momento perfecto. Echale la culpa a esa canción que te dedicaron y te pusiste melancólico por esa persona, porque ya no podes decir que no te tocó.

-Foto de Esteban Morales gritando ‘gayyy’ antes de recordar el momento-

-Foto de Danilo Mesa al que le regalé algo que, estoy seguro, le supo a mierda-

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Preguntale a Antony Kiedis por qué terminó el concierto diciendo “much love” o en quién estaba pensando tu amigo cuando gritaba ‘Here comes your man’. El amor estaba ahí, en el aire y el sudor. Te diste cuenta de que lo encontraste cuando se te cortó la voz y sentiste lágrimas de felicidad mientras cerrabas los ojos.

No vas a recordar el tráfico, ni los ‘malacarosos’. Vale nada los zapatos sucios, desempacar, el dinero que falta, la voz ronca, que no hayan tocado una que te hizo falta. Lo que sí vas a recordar es cuando te encontraste con el amor en forma de brisa y te pasó por las orejas y te tocó el pelo mientras se te tatuaban las letras en la memoria. Yo voy a recordar ‘Ya Hey’ pero si no me crees a mí y a este pedazo de nada, está bien, pero volvé que la música no discrimina.

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